«¡A partir de año nuevo/del lunes seguro que empiezo a hacer deporte para ser una mejor versión de mí misma!». ¿Te suena familiar? Sin embargo, según el guion habitual, todas las promesas hechas a una misma siempre se posponen de algún modo para más adelante y, a veces, incluso se olvidan por completo. Pero si has decidido cambiar tu estilo de vida, trabajar en tu forma física y, en general, cuidarte más, no podrás prescindir del enfoque adecuado ante estos cambios. En este artículo encontrarás consejos del espacio deportivo Apollo Next que te ayudarán a iniciar el camino hacia cambios positivos.

Cómo ponerse las pilas y empezar a hacer deporte
Lo más difícil es empezar y eso es indiscutible. A veces nos proponemos objetivos poco realistas o plazos demasiado cortos para alcanzarlos, y luego nos decepcionamos y nos rendimos, olvidando por qué empezamos en primer lugar. Intentemos encontrar el enfoque adecuado para empezar a entrenar, uno que te permita entrar en ritmo y hacer ejercicio con placer, y no por obligación.
Empieza por el objetivo
Antes de comprar un abono para el gimnasio o unas zapatillas de running a la moda, hazte una pregunta importante: ¿cuál es tu objetivo final? Perder peso, mejorar la forma física, fortalecer la salud, aumentar la resistencia, empezar a moverte más a causa de un estilo de vida sedentario... tu objetivo debe ser concreto y claro. Una motivación bien formulada se convertirá en tu guía en los momentos de duda.
En lugar de un vago «quiero estar más delgada», prueba con: «quiero perder 5 kg para el verano para sentirme segura en la playa». ¿Estás de acuerdo en que un objetivo así es claro, medible y te motiva de verdad a trabajar en ti misma?
Encuentra una disciplina deportiva que disfrutes
Puedes echar un vistazo a un blog deportivo, a un foro o hablar con tus amigas para descubrir qué tipos de entrenamiento existen actualmente. Elige la modalidad que más se adapte a ti. Esto es de suma importancia, ya que muchas personas abandonan el deporte precisamente porque se obligan a hacer algo que no disfrutan. No merece la pena forzarse a ir al gimnasio si lo que te apasiona es la danza o la natación. ¡Experimenta! Prueba yoga, pilates o zumba.
Cuando el propio proceso te aporte alegría, no necesitarás motivación adicional: esperarás con ganas la siguiente clase.
Incluye el deporte en tu lista de tareas pendientes
A menudo posponemos los entrenamientos por falta de tiempo. Es importante aprender a planificar y distribuir las tareas diarias a lo largo del día. Adquiere el hábito de incluir el deporte en tu agenda. Si sabes que el miércoles por la tarde tienes entrenamiento, eso significa que hay que cerrar todos los asuntos pendientes e ir a clase. Además, no te olvidarás de la visita al gimnasio si tu agenda te lo recuerda.

Crea el ambiente adecuado
Sí, es ese momento mágico en el que hay que elegir un bonito conjunto deportivo, unas zapatillas nuevas y cómodas y guardarlo todo en una bolsa genial. Ya en esta etapa, las ganas de ponerte la ropa deportiva y entrenar con ella aumentan exponencialmente. Y no te olvides tampoco de crear una lista de reproducción con tu música favorita que te cargue de energía.
No busques resultados inmediatos
Uno de los mayores errores de las principiantes es esperar cambios inmediatos. Desafortunadamente, el cuerpo no cambia de la noche a la mañana. Acepta el hecho de que el proceso lleva tiempo y no te exijas nada irreal.
Si has conseguido correr 2 km sin parar o aumentar el tiempo de plancha de 20 a 40 segundos, ¡eso ya es una victoria! Felicítate por cada avance, por pequeño que sea, pero no tengas prisa. Seguro que todo saldrá bien y lograrás tus objetivos.

Búscate compañía
Si entrenar a solas te resulta aburrido, propón a una amiga que se una a ti. Los entrenamientos en compañía aumentan el compromiso: te resultará más difícil rendirte sabiendo que alguien te espera.

Varía tus entrenamientos
La monotonía es el peor enemigo del progreso. Si repites los mismos ejercicios todos los días, los entrenamientos se volverán aburridos rápidamente. Añade variedad a tu programa: combina el running con entrenamientos de fuerza, prueba nuevas modalidades de fitness, sal a caminar.
Cuanto más variada sea tu actividad física, mejor. El cuerpo no tendrá tiempo de acostumbrarse a cargas específicas, y los resultados de tus esfuerzos serán más visibles.

Disfruta de tu progreso
Lleva un diario de entrenamiento en el que anotes tus logros. Compara los resultados: cuántas series hiciste, cómo han cambiado tus medidas (es realmente importante fijarse en las medidas corporales y no en el peso). Haz fotos del antes y el después. Si quieres, puedes hacer fotos durante el proceso para ver claramente el progreso y disfrutar sabiendo que no estás perdiendo el tiempo trabajando en ti misma.

No te olvides del descanso
Entrenar con regularidad está genial, pero es importante no olvidarse de la recuperación. La sobrecarga puede provocar lesiones o desgaste emocional. Asegúrate de hacer pausas para que tu cuerpo pueda descansar. Al fin y al cabo, el equilibrio es clave, pero aquí hablamos de pausas cortas, no de un descanso que dure varias semanas o meses.

¡Basta de posponer para mañana el camino hacia tu versión ideal! Inténtalo, comete errores, experimenta, pero lo más importante es no rendirse. ¡Así que levántate del sofá y empieza tu transformación hoy mismo!

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